Mercado de San Miguel

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Tradición y orígenes

Carrasco-Guijuelo, y Mas Gourmet, la cadena de charcuterías más prestigiosa en Barcelona, se han unido para crear un espacio conjunto dentro del nuevo Mercado de San Miguel. El Mercado de San Miguel es un lugar histórico y monumental, cargado de reminiscencias literarias. Emplazado en el corazón del Madrid castizo, se halla en la zona de mayor personalidad de la ciudad y mejor oferta comercial, cultural y de ocio. Desde el 13 de mayo de 2009, está escribiendo una nueva página de su historia con el objetivo de aglutinar a los mejores comerciantes, expertos y entusiastas de sus respectivas especialidades. Aquellos cuya oferta justifica el desplazamiento hasta el centro de Madrid, pero sin abandonar su vocación de mercado tradicional enfocado a la compra diaria. Una oferta vinculada a la calidad, a la frescura, y a la temporalidad de los alimentos, respondiendo al reciente interés por la Gastronomía que la ha convertido en un auténtico hecho cultural.

Cultura gastronómica

El Mercado de San Miguel es un Centro de Cultura Culinaria, donde el protagonista es el producto, y donde tengan presencia activa todos los grandes hechos y acontecimientos del universo de la alimentación. Un lugar dónde, además de hacer la compra cotidiana, se pueda participar en actividades, degustar lo que se va a llevar a casa o, simplemente, pasear o tomar algo. Un mercado tradicional con las ventajas de los nuevos tiempos.

Carrasco en el mercado

El concepto del mercado de San Miguel encaja a la perfección con los valores de Carrasco. Más de 120 años, sinónimo ineludible de máxima calidad ibérica, impecable trayectoria y buen hacer profesional, envidiable posición en el mercado español y constante y exitosa labor de exportación que le ha permitido ofrecer los mejores curados de ibérico -jamones, paletas, lomos- en los principales mercados internacionales. La gama ibérico de bellota Carrasco Guijuelo se ha convertido en un placer supremo. Sus enormes posibilidades de experimentación gastronómica son el espacio natural donde sembrar complicidades sensoriales inéditas